El inicio

Era una fría tarde de otoño cuando todo sucedió. Me encontraba trabajando cuando llegaron las primeras noticias y saltaron todas las alarmas. Tarde, como siempre. Por lo que decidí dirigirme al despacho de mi superior.

Llegué y llamé a la puerta. No estaba cerrada del todo, así que me asomé y lo vi al fondo en su escritorio. Estaba envuelto de una luz tenue, cálida mientras que el resto del habitáculo estaba iluminado únicamente con esa luz, mostrando de forma escasa lo que había. Lo suficiente para no tropezar con los objetos. Las ventanas cerradas, el ambiente lúgubre.

  • ¿Se puede?.- Fue lo único que pude decir ante tan misterioso y sobrecogedor ambiente.

  • Adelante. Pasa. Toma asiento, por favor y cierra la puerta.- Me dijo la voz grave, profunda y relajada de mi superior.

Nada más cerrar la puerta y conforme mis ojos se acostumbraban a la penumbra, pude distinguir un sillón tapizado de cuero junto a una mesilla donde reposaban un cenicero y un libro. El cenicero tenía restos de haber fumado un Guajiro, de hecho aún daba olor. A la izquierda del sillón había una lámpara de pie. Fui avanzando despacio, nervioso pero procurando parecer tranquilo. Conforme avanzaba, la luz del escritorio me dejaba ver los distintos objetos y muebles de la sala.

En la pared del despacho había una sencilla estantería alta de madera barnizada. Algunos libros parecían haber cumplido muchos inviernos mientras que otras encuadernaciones, en comparación, tenían apenas unas primaveras. Estaban todos ordenados, pero no como en una biblioteca. Parecía que seguía su propio orden, su propia clasificación extraña.

En la pared de enfrente había una estantería metálica repleta de ficheros. Presentaba algunas partes con óxido, los cajones se veían viejos pero los tiradores relucían como acabados de poner. Encima de la estantería las sombras dibujaban bocetos de múltiples objetos que no me paré a observar.

Finalmente, llegué al escritorio. Era de madera oscura, tallada y el flexo burdeos con bombilla halógena, de esas que dejaron de fabricarse hace mucho tiempo. Me estaba esperando con las manos entrelazadas y los brazos apoyados en la mesa. Tenía mirada amable, aunque fija y penetrante. Tomé asiento en una de las dos sillas que tenía allí dispuestas con el asiento y el respaldo tapizados, los reposabrazos con almohadillas, bastante cómodas.

Una vez estuve sentado y acomodado, se reclinó sobre su sillón y se dirigió a mí.

  • Dime, ¿cómo llegaste hasta aquí?.- Me preguntó mientras abría un cajón de su escritorio y sacaba un nuevo puro.

La pregunta me extrañó, pero no tuve más remedio que responder.

  • Tenía, no sé, diez o doce años cuando me regalaron una caja de pinturas Citadel. Recuerdo que eran de la gama de El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo. En la foto vi que venían miniaturas y me llevé una gran decepción cuando vi que no venían, que era sólo la caja de pinturas para iniciarse. Ese fue mi comienzo en el mundo ‘wargamer’. El modelismo ya me gustaba de antes (montar y pintar barcos, etc.). Con el paso de los años, fui aumentando mi colección de ESDLA. No fue hasta varios años más tarde cuando obtuve mis primeras miniaturas de Warhammer Fantasy (regimiento de arqueros silvanos) y Warhammer 40.000 (escuadra de marines, escuadra de eldars oscuros y moto guadaña). Poco a poco, fue aumentando mi frikismo miniaturil hasta hoy día, cuando comienzo en esta hora, esta nueva andadura que nadie sabe hasta dónde llegará.-

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