Altar

Muy buenas a todos.

Vamos a subir en esta ocasión un poco nuestro presupuesto. Tampoco mucho, no hay que perder de golpe las tradiciones.

Tomamos un trozo de poliestireno extruido (de una densidad muy alta) y lo recortamos haciéndole las rocas de colina muy escarpadas. No todas las rocas de nuestros elementos tienen que salir igual, en este caso (también por la dureza del material) han salido más puntiagudas.

Planteamos una zona donde vamos a empezar a hacerle escalones. Mucho cuidado con el cúter en este punto, no queremos cortarnos los dedos ni fastidiar ‘las rocas’.

Hacemos unos cortes hacia el interior, siguiendo la línea de los escalones para que luego salgan mejor los escalones incrustados en la colina.

Una vez tenemos los escalones, seguramente no nos haya quedado una textura que nos guste, así que pasamos a repasarlos con masilla tapaporos, con las manos mismo nos vale y vamos más rápido.

Cuando tengamos la masilla seca, pasamos a imprimarlo todo con pintura acrílica negra.

En mi caso, he aplicado blanco semiseco sobre el negro aún húmedo para que cogiera tonos grises de base dejando las partes profundas en negro o con pasada leve de pincel. Luego aplicamos pincel seco para darle luces.

Teniendo ya toda la pintura seca, planteamos el montaje superior, lo que viene siendo nuestro altar. Hemos usado tapones de corcho de botellas y cáscaras de pistachos.

La mesa del altar se ha hecho aprovechando la mitad de un tapón sobre dos redondeles, que hemos sacado de las ‘cabezas’ de los tapones delanteros para que fueran estables en la superficie.

Lo pegamos todo con silicona caliente una vez lo tengamos y repasamos con un cúter para quitar hilillos y bultos de la silicona.

Pintamos todo al gusto y decoramos: el suelo, en este caso con tierra en la zona principal y césped en los aledaños, separados por las rocas de pistachos.


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